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José Javier Aizpiri Díaz
Dr. Ex Director del Hospital Psiquiátrico Zamudio (España)

USO DE BROMACEPAM EN PACIENTES ALCOHÓLICOS


La aparición de las benzodiacepinas en la farmaco-terapia se calificó como uno de los grandes avances en la mejoría y resolución de las Alteraciones Psíquicas. El incidir en sintomatologías tan frecuentes y gravosas como son la ansiedad o el insomnio, con alivio de forma rápida y espectacular, ha supuesto a las benzodiacepinas la consideración de ser uno de los grandes aportes científicos para la humanidad, siendo en la actualidad, uno de los productos farmacéuticos de mayor consumo en el planeta.

La incidencia de sus cuatro aspectos terapéuticos: insomnio, ansiedad, relajante muscular, y anticonvulsivo, la aparición de la enorme variedad de moléculas afines, más o menos específicas, de acción breve a lenta con muy bajo nivel de toxicidad y con posibilidades de asociarse a analgésicos, antidepresivos, anticonvulsivos, antiulcerosos, etc. y sobre todo el seguir siendo las sustancias más activas en la ansiedad, indican su constante investigación, desarrollo y aplicación, aunque en los últimos años es escasa o nula la nueva apareción de moléculas que pretenden mejorar las moléculas clásicas.

Con el trasfondo de su masiva utilización y popularización, el uso de las benzodiacepinas se ha ido escapando de la prescripción correcta dentro deu un programa médico pasando a un uso descontrolado y cotidiano por una gran parte de usuarios, sobre todo en su función de aplicación en el campo del insomnio, así mismo el bajo conocimiento de las adicciones por la mayoría del personal médico y sanitario y un cierto encubrimiento o desinformación de esta capacidad adictiva por parte de los laboratorios ha llevado a otra parte de la población a usar benzodiacepinas largos periodos de tiempo, incluso de prescripciones psiquiátricas "de por vida" motivadas por sus beneficios e "inocuidad" y el llamado uso estio "aspirina", "¡tómelas cuando quiera y las necesite!" creando una epidemia de tipo iatrogénica.

Bien pronto se vio que una parte se desviaban al mercado "negro" de consumo, por parte de usuarios de drogas, que encontraron en las benzodiacepinas la posibilidad de paliar los efectos de la deprivación de heroína y, en otros, encontrar su "nivel" con ellas, con o sin alcohol o "anfetas" las típicas píldoras de "subida y bajada" de las comedias americanas y europeas, con forma de estilo de vida lúdico y banal.

La acumulación de problemas, llevó al desarrollo de una política de control y seguimiento del uso de las benzodiacepinas, desapareciendo en la mayoría de los países la libre compra, y llevando la obligatoriedad de prescripción médica, así como un control cada vez más estricto de sus lugares de expedición (Unión Europea) y control aduanero.

La aparición cada vez mayor de usuarios de benzodiacepinas con problemas de dependencia, motivó en los años setenta a buscar moléculas de acción lenta con mínima capacidad adictiva.

Para paliar estos efectos, se intentó cortar con la aparición de la buspirona con bajo nivel de éxito debido a su lenta acción y desde hace diez años con la actividad cada vez más centrada de los I.S.R.S. que ha ido aumentando su campo de acción en la ansiedad con esplendorosos éxitos, pero que presentan a su vez problemas de discontinuidad.

Así mismo la frecuencia de sobredosis, graves o mortales, disparó la alarma de los servidios de urgencias que habían visto disminuir los problemas con la retirada de los barbitúricos, motivando la aparición de una imidabenzodiacepina (flumacenilo) como antogonista de las benzodiacepinas, la cual al bloquear los receptores bensodiacepínicos en el sistema nervioso central detiene el efecto sedante, siendo un verdadero "resucitador". Para los que tenemos la experiencia de llegada de un enfermo con sobredosis de benzodiacepinas y ver que con 0,3 mgr. por vía intravenosa en menos de un minuto el paciente se incorpora y despierta es un enorme alivio. Por lo que el flumacenilo (Anaxate) se encuentra incorporado como medicación de base en todos los servicios de urgencias de un mínimo nivel.

En la actualidad, el problema de la dependencia a las benzodiacepinas y los programas de desintoxicación así como los accidentes por supresión brusca es uno de los problemas cotidianos la práctica médica a nivel quirúrgico, vascular, geriátrico, de las consultas diarias y servicios de urgencias.

Los equipos encargados de trabajar con conductas adictivas han ido elaborando una ingente profesionalidad en el tema, en mi caso, las benzodiacepinas suponen alrededor del 10% de las consultas y de los ingresos en clínica. Tanto por las alteraciones cognitivas severas, como para desintoxicar a enfermos que han fracasado en intentos de tratamientos ambulatorios.

Agravado todo ello por la rapidez con que las benzodiacepinas salieron del campo de la Salud Mental, fueron aplicadas por otras especialidades con muy bajo nivel de conocimientos de ellas y dejándose llevar por miligramos, confundiendo 5 mgr. de diacepam con 5 mgr. de loracepam que es equivalente a 50 como ejemplo diario.

La gravedad de cierto tipo de adicción a las benzodiacepinas va a depender de los años de uso (frecuencia), concentración de la sustancia y tipo, esto hace que algunos casos sean de una enorme dificultas. A lo que se suma los modos de utilización de benzodiacepinas, por lo que la iatrogenia hace que cada equipo terapéutico en su zona se dedique a trabajar con adictos a un tipo de sustancia, siendo totalmente diferente a otros lugares.

En nuestra zona (Norte de España) dominan, con mucho, las adicciones severas al loracepam (sobre todo desde que se expandió su uso en dosis de 5 mgr.), mientras que en otros lugares dominan el problema otras adicciones, debido al consumo del flunitracepam, triazolam, fluracepam, alprazolam, etc.

Como enfermo protipo de generar adicción a las benzodiacepinas se utiliza siempre el alcohólico, por su capacidad adictiva no solo al alcohol sino también al tabaco y al café, así como a otras drogas. Estamos influenciados por el modelo alcohólico sajón, donde el consumo de alcohol entra a menudo dentro de un ritual compulsivo, sedante y muchas veces teniendo como base una personalidad neurótica.

En el sur de Europa, el uso de vino está dentro de un hedonismo o bebida consumida en un encuadre alimenticio euforizante y de relación social; el concepto de bienestar en un consumidor tradicional de vino o cerveza es más visceral y entra más en el grupo de "pequeños placeres de vida", que el uso con función sedante del bebedor de alcoholes destilados. Los consumidores de alcohol de menos de 35 años y de fin de semana, manejan un tipo de uso, asociados estimulantes, cafeína, anfetaminas, cocaína con algún que otro sedante en busca de una acción rápida de tipo tóxico que les permita unas relaciones y actividades dentro de un contexto de baile y música típicos.

Por estas causas en la Europa del Sur, en los Servicios de Alcoholismo, la utilización de benzodiacepinas en forma conjunta, es de menos del 5% de los ingresos, con una frecuencia de mujeres entre los 40 y 55 años y con consumos solitarios de alcohol. En la casi totalidad de las veces las benzodiacepinas han sido recetadas por médicos de diferentes especialidades para la "depresión" o "ansiedad" sin haber diagnosticado su alcoholismo; en la actualidad, con la popularización de los I.S.R.S. es cada vez más frecuente alcohólicos con diagnósticos de depresión y utilización de estas sustancias.

Partiendo de la base de una sustancia como son las benzodiacepinas y un enfermo con la enorme capacidad metabólica adictiva como es el alcohólico, voy a relatar nuestra experiencia con 23 años de uso seguido del bromacepam en un Programa de Tratamiento de enfermos alcohólicos, en la actualidad denominados Síndromes Higiénicos Dietético Tóxicos.

Los enfermos están sometidos a un Programa más o menos complejo de un año de duración y van desde los más graves ingresados en clínica de agudos y luego pase al Centro de Rehabilitación, hasta los que únicamente son tratados a nivel ambulatorio. Los que entran en la fuerte actividad terapéutica, -grupos, familia- hasta los que por sus circunstancias se ven a nivel ambulatorio cada dos meses o más.

El número de enfermos alcohólicos suele rondar año tras año en unos quinientos, ya que se dispone de un equipo profesional muy entrenado y amplio con un alto dispositivo de medios desde U.V.I. hasta Centro de Rehabilitación.

Los enfermos que se mantienen en los programas y sin recaídas en el primer año, desde 1978 en que se efectuó el primer control de seguimiento, están por encima del 80%.

La zona de procedencia de enfermos es toda del norte de España, con alguna excepción.

Estando tipificados con el paso de los años todos los usos y modos de consumo, desde los "txiquiteros" (uso social de vino antes de las comidas", bebedores de orujo matutino "en vez del desayuno", los cerveceros, de cuba-libre y otros, con todos los añadidos iatrogénicos, desde la epidemia de los años setenta de uso de cerveza y optalidones (barbitúricos) por las mujeres, a los actuales de whisky, vodka y cocaína.

Desde 1974 en que se puso en marcha la Unidad de Alcoholismo del Hospital Psiquiátrico (Zamudio), Norte de España, con cuarenta camas, hasta el actual servicio de Medicina Psico-Orgánica, de Bilbao, el programa ha sufrido pocas variaciones en su base.

El programa consta de tres fases:

1.- Diagnóstico Integral:
Orgánico.
Psíquico.
Socio - Familiar
Hábitos de Consumo
Alteraciones Higiénico Dietéticas
2.- Desintoxicación y Recuperación de Hábitos:
Con duración de una semana. Se utiliza el clometiazol de base, la vitaminoterapia, recambio metabólico, etc.
3.- Recuperación y Rehabilitación:
Metabolismo.
Régimen de Vida.
Concientización del Problema.
Reestructuración Socio - Familiar y Laboral.
Como está descripto, el control de la ansiedad y la regulación del sueño es vital en la evolución del enfermo alcohólico, por ese motivo la eliminación de cafeína, disminución del tabaco y una dieta hidrocarbonada es básica; pero, el problema planteado en los años setenta, después de los primeros siete a diez días de clometiazol, era el continuar con las benzodiacepinas pero que no impregnen al enfermo, que no lo descortalice más de lo que está y que le permita una vida laboral activa con máquinas, vehículos de motor, etc.

Debido así mismo a la enorme lentificación de recambio metabólico que tiene el cerebro, tenía que ser lo suficientemente activo y no adictivo para poder utilizar durante meses.

En 1976 con la aparición en el mercado del bromacepam de 6 mgr. y con gran discusión con el laboratorio ya que, en aquellos tiempos, estaba inmerso en los problemas adictivos que le generaba el flunitracepam y otros laboratorios con triazolam, lo empezamos a utilizar con enfermos alcohóllicos a base de 6 mgr. en única dosis nocturna. De entrada, vimos en relación con las otras benzodiacepinas de su época, que el bromacepam era un buen ansiolítico, restableciendo un sueño reparador en la mayoría de los enfermos, un despertar "limpio" con buen humor, sensación de descanso y con buen apetito.

El control de su utilización es objetiva ya que en la ley española, las benzodiacepinas son de prescripción médica y al ser cubiertas por la Seguridad Social, son prácticamente gratuitas por lo que el enfermo "exige" su receta.

El enfermo alcohólico dentro de un programa suele ser reticente con todo, no sólo a la toma de bromacepam, cianamida cálcica, etc. por lo que el problema no está en que deje de tomar la medicación "sino en que la tome". En cuanto los profesionales se descuidan deja de tomar el bromacepam, fundamentándolo en que "si ya duermo". Siempre hay que explicarle su necesidad de "descansar profundamente" y que su cerebro se recupere.

En vista de los beneficios del bromacepam y por la experiencia evolutiva acumulada de casos se institucionalizó su utilización en 1979 con la siguiente pauta:
  • Bromacepam 6 mgr. (0-0-1) a la noche o al ir a la cama si se trabaja en turnos, durante 5 ó 6 meses.
  • Bromacepam 3 mgr. (0-0-1) durante 3 meses.
  • Bromacepam 1,5 mgr. (0-0-1) durante 3 meses.
  • Después opcional "dejándolo en la mesilla por si tuviera necesidad".
Han pasado veinte años y seguimos con la misma pauta, siendo el bromacepam, en España, la benzodiacepina más utilizada en el tratamiento del alcoholismo.

En nuestra casuística y después de un seguimiento lo más exhaustivo posible, partiendo de la base de gravedad de los enfermos alcohólicos que tratamos y sus múltiples características, sólo aparecen un 1% de enfermos que han hecho adicción al bromacepam con escala de consumo lo cual es, incluso, menos que al clormetiazol.

Un 3% utilizan pequeñas dosis, 1,5 mgr., en caso de ansiedad o insomnio de forma esporádica.

Un 2% utilizan de forma rutinaria 1,5 mgr. para el sueño nocturno, lo cual por la dosis es casi un efecto placebo.



CONCLUSIONES

La utilización del bromacepám durante largos períodos de tiempo (6 meses a un año) en dosis de 6 a 1,5 mgr. en un programa completo integral de tratamiento de enfermos alcohólicos, con la práctica de más de veinte años es una experiencia altamente favorable para el enfermo, evita su recaída y mejora su calidad de vida y su relación con los demás.

A pesar de su alto potencial de hacer adicciones, como es el enfermo alcohólico, su incidencia con el bromacepam es prácticamente nula.



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