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Los últimos descubrimientos médicos
están revolucionando la visión sobre las enfermedades del
cerebro.
El cerebro es el órgano más complejo del ser humano.
No sólo por su localización y estructura, sino por ser centro
vital de la inteligencia, los afectos y las emociones:
sistema de interrelación entre los humanos.
Esta complejidad ha sido la causa de su resistencia a la exploración,
por lo que siempre ha estado a la cola de los grandes avances
de la medicina. Sobre todo en una sociedad enmarcada en el
culto al cuerpo, el reservorio del alma quedaba en manos de
todo tipo de disertaciones, desde filosóficas hasta metafísicas,
de muy poca base científica.
Por fin, los grandes descubrimientos de la ciencia médica
han podido materializarse en una impresionante apertura del
conocimiento, de las funciones y estructura
del cerebro.
La llamada década del cerebro, en la que estamos, entre
imponentes sistemas de visión y de exploración cerebral como
el SKANNER, TEP, PET, SPEC, Cartografías, etcétera, dirigidos
por potentes ordenadores, cubre de siglas los nuevos sistemas
de acceso, a los que se suman los descubrimientos de neurotransmisores,
receptores y nuevas medicaciones.
Todo ello está facilitando una nueva revolución y revisión
de las enfermedades del cerebro, dando vuelco a una serie
de síntomas como el alcoholismo, la depresión, la ansiedad,
los trastornos de la alimentación, el envejecimiento, etcétera,
y entrando en tabús como la personalidad, transformando el
mundo de los afectos, de la acción, de la relación impersonal,
de la conciencia y de la voluntad.
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La aparición de la palabra integral vuelve a acercar al ser
humano, como un todo interrelacionado con su medio. Desaparecen
las fronteras entre la psiquiatría y la neurología, volviéndose
a la necesidad del médico general como persona dotada del
conocimiento íntegro de la salud del ser humano. Se revisan
las funciones más simples como causas de severas perturbaciones
del cerebro, como el sueño, la alimentación, la excreción, el
ejercicio, los tóxicos..., base del sistema afectivo emocional
del ser humano que, junto a su genética (herencia) y a su aprendizaje
(educación) le va a llevar al equilibrio, armonía y calidad
de la vida para él y para los suyos.
Los conceptos de energía, agotamiento y estrés dentro del impulso
intelectual recogen los saberes para mantener más tiempo un
cerebro en condiciones activas.
No sólo vemos una luz de esperanza en la resolución de los sufrimientos
mentales, sino que enfermedades que hasta hace poco tiempo
tenían un mal signo se benefician, se superan y se curan, muchas
de ellas con brevedad.
Esto exige un cambio de actitud. Hasta ahora el psiquiatra
era el último especialista al que se visitaba. El enfermo llegaba,
la mayoría de las veces, con muchos años de sufrimiento para
él y para los suyos.
El cerebro y el cuerpo es un todo y nuestra calidad
de vida y nuestro no enfermar depende de que lo recordemos constantemente.
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